Entrevista a María Eugenia Vidal

Entrevista a María Eugenia Vidal

“Ya nadie me llama Heidi”

El universo de María Eugenia Vidal. La gobernadora tiene 43 años y vive con sus hijos Camila (16), María José (14) y Pedro (9) en una base militar, por seguridad.
Cómo la vi:
Cerebral y a la vez apasionada. Fuerte.

mev

 

Está en el ojo de la tormenta, en pleno conflicto docente. Sin embargo, logra hacerse una pausa para hablar de su vida y su relación familiar. Una mujer a full.

¿Cómo tener una charla íntima con María Eugenia Vidal en medio de la tormenta? ¿Cómo abstraerse por un rato de la tensa situación que vive la provincia con los gremios docentes?


Antes que nada María Eugenia, estamos en medio de un conflicto, en un momento muy difícil, ¿quiénes son los “duros” en este conflicto, los ministros de la provincia o los dirigentes gremiales docentes?

Como gobernadora, por ejemplo, tengo la obligación de pagar los días que se trabajan, eso dicen los fallos judiciales y hay que cumplir con la ley. No creo que el problema sea con los docentes sino con los dirigentes.
Les hicimos una propuesta muy flexible, pusimos lo mejor que podíamos poner sobre la mesa. Algunos dirigentes gremiales no discutieron sobre los salarios docentes sino sobre sus propios intereses políticos. Y por eso no se llegó a un acuerdo. Cada decisión que enfrento no es fácil de tomar.


De todas las situaciones que atravesás durante el día, ¿en qué momento te sentís frágil?

A la hora de dormir. Me cuesta dormirme y duermo pocas horas. Eso no me pasaba antes. Se fue agravando a medida que iban aumentando las responsabilidades públicas y muchas veces me despierto de noche pensando en un tema que no me deja dormir. Puede ser un tema que es de público conocimiento o alguien que vi y que me conmovió.


¿Cuántas horas dormís ?

Cuatro o cinco cuando es una buena noche. La noche es el espacio de mis hijos. Llego tarde a casa, entre que cenamos y me cuentan… Y ahora tenemos una rutina que vienen a la cama y charlamos. Así se me va a haciendo más tarde y me despierto temprano, 6.30. No me alcanzan las horas para todo lo que quiero.


¿Dormir con los hijos es típico de una persona recién separada?

Los chicos empiezan a invadir… a mí me encanta.
Tener a los tres y codearnos por el espacio, me encanta, me divierte y es mi parte favorita del día, mimos,
abrazos, está buenísimo.


¿En qué se siente hoy la ausencia de marido?

Tengo poco tiempo para sentirlo; porque es tan intenso mi trabajo y ocupa mucho tiempo, a lo mejor no es como un proceso de separación habitual.


¿No hay tiempo ni para angustiarse, ni para entristecerse, ni para extrañar…?

Queda poco tiempo. Fueron muchos años juntos, estuvimos 18 años casados y los dos vivimos mucho el proceso de separación, antes y después. Pudimos sostener ese cariño inicial, esa confianza inicial que construís con alguien antes siquiera de decidir que va a ser tu pareja. La confianza se sostuvo más allá de que el matrimonio haya funcionado o no, y eso ayudó mucho al proceso.


¿El duelo ya está, no hubo peleas?

Sí, hubo, pero ninguna grave o que durara mucho.
Trabajar en lo mismo hace que nos entendamos bien. En lo económico había poco para repartir, eso ayudó y los gastos de nuestra familia siempre estuvieron claros, mi independencia económica ayudó también. Los cinco extrañamos la familia juntos, pero hoy tenemos una familia distinta.


¿Te volverías a casar?

Uff, hoy no lo pienso (risas). Hoy no me lo imagino, pero depende de la persona. A lo mejor aparece una persona. Si me lo preguntás hoy, te digo que no.


¿Hace cuánto no ves a tus amigas?

Las veo un montón. Mi mejor amiga, hermana de la vida, trabaja conmigo y cada 10 días nos juntamos todas. Una vez por semana, si puedo, me reúno con otra amiga a tomar algo, desde las 8 hasta las 9 PM de un viernes. Tengo una red de amigos que es previa a mi función pública, que me acompaña un montón.
Una de las cosas que más reconfortan son los amigos.


¿Son como el pie caliente del marido que no está?

Son el abrazo y el sostén, muy lindo.


¿Qué reclamos te hacen hoy tus hijos?

Ahora están más adaptados. No les gusta cuando cuento algo que ellos no quieren que cuente. Y me reclaman el poco tiempo que tengo. Ellos están muy involucrados en mi trabajo, valoran lo que hago, si bien reclaman, entienden y me apoyan. Vinieron al discurso de apertura de sesiones y fue cosa de ellos. Ayer vino Pedro a la oficina y me dijo “¿puedo ir con vos y pasamos más tiempo juntos?”.


¿Quién te pone en eje y te dice la verdad? ¿Quiénes se animan a discutirte?

Mis amigos, mis padres. Mi mamá, todo el tiempo.
Mis hijas también. Es una larga lista de gente. Mi gabinete todo. No hay un solo ministro que no se atreva.
El halago permanente me molesta y me fastidia, no me la creo. Tienen mucha libertad no solo para decirme lo que hago algo mal, sino para discutir conmigo mano a mano. He discutido mano a mano con ministros o con el Presidente. Mauricio no se calla nada de lo que le parece, Horacio (Rodríguez Larreta) que es un amigo, también.


Y el rosario que ahora llevás puesto, ¿es nuevo?

No, me lo regalaron y me lo bendijo el Papa. Yo siempre tuve fe y la fe ha sido un gran sostén para mí. Me empezó a pasar que la gente me regalaba rosarios y estampitas cuando sufrí amenazas, y ahora tengo un cajón de mesita de luz lleno de rosarios y estampitas.
Lo llevo puesto como un símbolo de esa protección que la gente me quiso dar, me hace sentir el cariño y el apoyo.


No dijiste nada de tu encuentro con el Papa.

Nada, prefiero que sea así, lamento que se haya conocido.
Tenía la esperanza de que no se conociera la noticia. Viajé un viernes a la noche y volví un domingo a la noche, fue relámpago. No quiero decir nada porque no quiero que nada de lo que el Papa hace se interprete políticamente.


¿Van muchos a sacarse fotos con el Papa…?

Sí, yo detesto eso. No me saqué foto, no quise pedirle, sí quise pedirle que me bendiga. Le llevé varios rosarios porque en agradecimiento de lo que la gente hizo conmigo ahora también hago lo mismo y los regalo.
Compré rosarios, los llevé y me los bendijo.


¿Como fue esa charla con el Papa?

Fue una linda charla, un lindo encuentro, me hizo muy bien.


¿Que pensás de la gente que te mira con una devoción casi religiosa?

Más que devoción siento que se creó un puente de confianza con la gente. Confío en ellos y siento que ellos confían en mí, hay gente que no me conoce pero con la que hay una conexión. He caminado tanto la provincia, en los 135 municipios dos veces, siento que me apropié afectivamente de esta provincia y a la vez siento que ella se apropió de mí. No es racional, es emocional. Sentir ese sostén afectivo fue clave para mí.


¿Para poder tomar decisiones a cada momento?

Cada decisión es difícil. Por ejemplo, combatir la mafia de las fuerzas de seguridad, que no es sólo tomar un riesgo personal o familiar, es saber que puede haber respuestas durísimas que afecten a otros, desde mis funcionarios hasta que se libere una zona para el delito.


¿De las fuerzas de seguridad fueron echados todos los que se debería despedir?

Llevamos 3700. Todavía hay mucha corrupción. Hay que seguir hasta llegar al final y eso puede llevar varios años.


Como gobernadora, ¿en qué se siente el machismo?

El machismo está en todos lados, lo siento yo como cualquier mujer en cualquier área en la que trabajé.
Después de un año, ya nadie me llama Heidi (risas).
Creo que por primera vez la provincia y los bonaerenses tenemos lo que hay que tener, eso que se asocia tanto a los hombres. Tuvo que venir una mujer y tuvieron que pasar décadas para dar pelea.


¿Y qué es?

En mi caso son ovarios y en los hombres queda claro.
Todos eran muy machos pero tuvo que venir una mujer para pedir el Fondo de conurbano en la Corte; todos eran muy machos, pero tuvo que venir una mujer a pelearse con la mafia de la policía y la del juego; todos eran muy machos, pero tuvo que venir una mujer para que todos presentaran su declaración jurada públicamente.


¿Qué es ser macho? ¿Y qué beneficios le da a la provincia tener un macho como gobernador?

En este primer año, si hay algo que pude mostrar, tal vez porque soy una madre y no un macho, es que protejo a quienes gobierno.


¿Prestás atención al machismo entonces?

No me hago cargo, es un problema del otro superar su prejuicio, es un prejuicio injusto y no está justificado.
Mi tarea es hacer mi trabajo lo mejor posible.


¿Te arrepentís de haberte ido a México de vacaciones?

No, nunca me voy a arrepentir de algo que les hizo bien a mis hijos. Seguramente me jugó un poco la culpa de mamá separada. En medio de los problemas y sabiendo que mi equipo estaba haciendo un buen trabajo, preferí ir con mis hijos a un lugar donde querían ir, eso valió la pena.


¿Ellos querían estar lejos?

Sí, ellos querían estar lejos de la provincia.


¿Volviste al terapeuta?

Antes me escapaba, ahora volví. En un año me pasó todo lo que dicen los terapeutas que es traumático: me mudé, cambié de trabajo y me separé. Ella no me dejó ( risas) y yo no la voy a dejar, la veo una vez por semana para salud mental mía y de mi equipo.


¿Seguís cayendo de sorpresa a las guardias de los hospitales de la provincia?

Sí, mi equipo sufre, pero a mí me encanta hacerlo. A veces lo hago un sábado a la noche, por ejemplo. Esto ha motivado que mi equipo solicite que tenga novio (risas). Siento que esa es una manera de gobernar que hace falta.


¿Sabemos que no levantás la voz pero, ¿insultás?

Sí, soy bastante mal hablada. No grito pero puteo. Mi mamá y mi papá me corrigen, y yo los corrijo a mis hijos.


¿Nombrás mucho a tu mamá?

Es que conmigo es tremenda (risas). Tengo un chat de mamá, papá, primos y tíos, todos, y hacen comentarios y opinan. Y mi mamá más, es increíble. La admiro tanto.


¿Cómo es vivir en una base militar?

Es raro, no tengo vecinos (risas) ni barrio. No es lo mismo, pero me siento más segura y eso es lo más importante.

18 marzo, 2017

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María Laura Santillán
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