Entrevista a Florencia Etcheves

Entrevista a Florencia Etcheves

“Soy una atrevida”

El universo de Florencia Etcheves. Vive con su marido Juan, su hija Manuela y sus gatos. Después de 24 años en El Trece y TN, dejó la tele para escribir ficción. Público cinco libros. El último, Cornelia, va al cine.
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Trabajé años en la tele con Florencia, Flor para muchos, Florchi para mí. Fue una gran productora. Después fue cronista y conductora. Ya no la veré (ni la verá el público) en la redacción de El Trece y TN. Florencia dejó la televisión. Empezó escribiendo libros periodísticos, pero aceptó el desafío de escribir ficción. Hoy, su tercer libro se hizo película, que está a punto de ser estrenada. ¿Cómo y por qué decidió dar semejante volantazo y dejar la tele?

Te propongo empezar por el origen del cambio.

Estábamos tomando un café con Mauro Szeta y nos dimos cuenta que teníamos el mismo hobby: cuando íbamos a cubrir las notas, anotábamos en un cuaderno todo el anecdotario de los policiales, incluso situaciones bizarras. Nos divertía hacer un diario y contar los “detrás de escena” de las notas. Un día nos juntamos con esos cuadernos y nos reímos mucho: teníamos escritas anécdotas parecidas. Y se nos ocurrió que podía ser un libro. Si esa situación se hubiese dado hoy, hubiésemos escrito un blog. Ahí fue un libro.


Escribieron dos libros.

Sí, No somos ángeles (2007), y después Mía o de la tumba fría (2009), también con Liliana Caruso. En ese libro empezamos a llamar femicidios a los crímenes de mujeres, todavía no estaba en el Código Penal.


¿Y cómo llegaste a la ficción?

Me contactó un agente literario para otro libro y en ese momento no había ningún caso que me llamara la atención. Me dijo que podía ser de ficción y me quedó en la cabeza. No se me iba de la cabeza. Lo llamé y le dije: “Bueno, ¡dale!”. Una atrevida.


¿Le dijiste que sí antes de escribir la novela?

Sí, soy una atrevida. Lloré toda el tiempo, no podía creer el lío en el que me había metido. Me di cuenta de que había minimizado el proceso de creación de una novela.


¿Y ya habías firmado contrato?

Claro, yo había firmado como si fuese Stephen King (risas).


¿Cómo hiciste?

Una editora, Graciela Gliemo, me ayudó a armar una estructura. Yo tenía una idea pero no era suficiente para un libro de casi 300 páginas. Tiene que tener una estructura y hay que desarrollar los personajes. A veces hay que desarrollar más los secundarios que los principales, porque en un policial está bueno confundir al lector. Es un proceso sumamente divertido, pero me costó sangre, sudor y lágrimas.


¿Leías novelas policiales?

Sí, desde chica. Ahora empecé a leer otro tipo de novelas; desde hace poco tiempo, antes no me llamaban la atención.


Ampliaste tu gusto literario.

Sí, pero si la gente no muere de manera dramática no me interesa el libro (risas). Pero me gusta ver cómo se desarrollan otras situaciones. Tengo falencias en la línea romántica. No me sale el amor, la editora me dice “Fijate que en algún momento la gente se puede amar”. Y yo le digo “Pero a mí me gusta que la gente se mate” (risas). Por eso está bueno leer distintos autores y sentirle el olor a otro tipo de escritura.


¿Escribir la segunda novela fue diferente?

Sí, sentí que ya había armado mi propio método. Necesité menos contención, menos Carilinas. lloré mucho menos. Hablando con otros escritores me di cuenta de que ellos también tenían un método. Recién disfruté en la tercera novela.


¿Cuando eras chica ¿qué querías ser?

Dentista. Pero mi mamá recuerda que yo iba por la vida con un desodorante o un cepillo de pelo (que hacían de micrófono) y le preguntaba cosas a la gente del barrio.


¿Y ahora qué vas a hacer con la costumbre de preguntar?

Lo que pasa es que ahora tengo esto, que es tan nuevo, y la carga de curiosidad la tengo puesta ahí, en interrogar a la gente que escribe cine o ficción, escuchar otros métodos, otras experiencias.


Vas descubriendo una actividad, después otra y después otra. Ahora empezás a escribir cine. ¿Vendrá algún otro mundo nuevo por conocer?

Sí, y son mundos que no busco. Son mundos que aparecieron. Es un tren, me subo y después vemos dónde vamos. Nunca pensé en ser conductora ni escritora, apareció. Después hay que prepararse y poner horas de culo en la silla. Cuando empecé a ser conductora, te miraba a vos y a otras conductoras. Ahora cuando leo, lo hago de otra manera. Cuando comencé a escribir ficción, empecé a leer distinto porque sé que hay un truco y lo quiero descubrir.


Escribiste libros periodísticos hablando de mujeres, y la mayor parte de tus personajes también son mujeres.

Sí, me gustan mucho los distintos tipos de mujeres que somos. Tengo mujeres que están desquiciadas, tengo pérfidas, manipuladoras, otras con mucho honor, pero no hay una que sea totalmente buena o totalmente mala. Todos tenemos acciones buenas y malas, de entrega y de bondad.


¿Por qué le pusiste Manuela, el nombre de tu hija, a una protagonista?

Ella quiso. Surgió en la primera novela, cuando ya tenía un 80% de la novela hecha y mi hija me dice “No hay ningún personaje que se llame como yo”, entonces le dije “Bueno, Manu, no”. Llanto. Entonces pensé: “que aparezca una policía que se llame Manuela con una participación chiquita”, y tampoco estuvo de acuerdo, ella quería que le ponga su nombre y apellido al personaje. Entonces le puse un apellido simulado y ahí estuvo contenta. Cuando hago los capítulos de Manuela Pelari, se los paso a la editora y me dice: “me encanta esta mujer policía, démosle un poco más de hondura”. Y terminó siendo el personaje principal de Cornelia.


¿Cómo empezaste a saber de feminismo?

Todo arrancó el 3 de junio de 2015. Con un grupo de periodistas y activistas empezamos a armar la marcha para parar los femicidios, “Basta de femicidios” era la consigna básica. Nos escribimos entre periodistas y nos dimos cuenta de que había cosas que decíamos que estaban mal dichas. Yo pensaba, por ejemplo, que feminismo era machismo al revés. Tenía muy claro lo que es un abuso, un acoso, muchas situaciones de violencia de género, pero no conocía las palabras adecuadas para explicarlo.


Las personas que ocupan un espacio es porque se suben a los trenes que pasan. La curiosidad te hace valiente. Aparece algo tentador y vas.

Cuando doy estos volantazos es porque ya lo tengo adentro. Yo no sé no ser feliz. Esto que sucedió ahora con la escritura y con el cine, antes no lo veía.


Hay cosas que a la mayor parte de la gente le importa y a vos no: por ejemplo el qué dirán o el esfuerzo para que te quieran todos. No hacés nada que no te interese hacer, y no solo en el trabajo.

Soy una persona educada, pero ese show para afuera no lo registro, de solo pensarlo me dan ganas de llorar, porque es imposible que le caigas bien a todo el mundo. No te puede querer todo el mundo, hay gente a la que le caés horrible y si pensaras en eso sería una frustración constante.


Estuviste los últimos 24 años atravesada por la actualidad, ¿cómo vas a hacer para prescindir de ella?

No puedo, es inevitable, leo portales, estoy atrás de las noticias a diario, porque, aparte del interés, me sirve muchísimo para escribir ficción.


A todo esto, sumemos lo importante que va a ser para vos no padecer el tránsito del centro.

Yo perdía dos horas en viajar. Llegué a tardar tres horas y media para ir al canal y para volver. Es mucho. En ese tiempo te hago tres capítulos (risas). Ahí te empezás a angustiar y nace el germen. Es como un matrimonio, todo es divino y maravilloso, pero te gusta otro; quizás el otro no es tan lindo, pero te gusta, ¿qué vas a hacer? Escribir se convirtió en lo que me gusta y quiero hacer.


Yo creo que algo vas a hacer en la tele de nuevo.

Estás obsesionada con eso (risas). Es algo que me fascina. Yo amo la tele.


¿Cuánto tiempo estuviste pensando el cambio?

Un año y medio. No me fui de la tele en una crisis. Yo estaba divina, regia, el equipo era buenísimo. Eso me ayudó a pensar tranquila.


¿Y tu marido y tu hija qué dijeron? ¿Y tu mamá?

Me ayudaron bastante con el proceso. Mi mamá en cambio estaba indignada (risas).


¿Y qué decía?

Si no estás en la televisión, no existís (risas). También me preguntó si estaba segura. Mi mamá es de estimular, pero la cara se le desfiguró cuando se lo conté. Ahora está chocha, súper contenta.

16 abril, 2018

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Entrevista a María Luján Rey

Entrevista a María Luján Rey

“Algún día voy a ser diputada”

El universo de María Luján Rey. Es una luchadora. Nunca bajó los brazos. El 22 estará frente al ex super ministro Julio De Vido, cuando le toque sentarse en el banquillo de los acusados.

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¿Cuáles fueron los obstáculos más grandes con los que se encontraron los familiares de las víctimas de la Tragedia de Once

El gobierno de Cristina arremetió para instalar en la opinión pública la idea de que lo que pasó había sido un error humano o un sabotaje de los ferroviarios. Hubo que convencer para que se comprobara que esto no fue un accidente, que se pudo haber evitado, que no podía tener un solo responsable, que había que investigar. En lo privado, hubo maniobras para silenciar el reclamo de los familiares y quebrar la unidad de quienes decidimos salir a dar pelea por justicia, quisieron cooptar voluntades. Fue duro.


¿Logró el kirchnerismo cooptar voluntades?

No del grupo mayoritario, sí de algunos heridos y logró hacerlo cuando una de las querellas terminó pidiendo 22 años de prisión para el maquinista, con un alegato de defensa de Schiavi y Jaime, y hoy no presenta ninguna prueba en el juicio contra el ex ministro De Vido.


¿La captación fue económica?

Decían que iba a poder luchar más desde adentro, por ejemplo, controlando los colectivos que iban a suplantar el servicio del ferrocarril Sarmiento.Con el correr de los meses, hubo familiares que tenían negocios y fueron visitados asiduamente por inspectores de la AFIP. Y familias de víctimas que recibieron llamados de presidencia de la Nación para preguntar qué necesitaban, diciendo “porque usted trabaja en negro limpiando casas en tal lugar” o “sabemos que se atiende con el psicólogo del hospital tal”. Es decir, le hacían una radiografía de la familia.


¿O sea que además de ofrecerles algo, los asustaban?

Sí. Yo, por ejemplo,sentí que tenía el teléfono intervenido desde que empecé a buscar a Lucas, desde el 23 de febrero y duró muchísimo tiempo. Hemos recibidos llamados intimidatorios para meter miedo o dar golpes emocionales. A los seis meses de la tragedia, me decían que Lucas estaba en la comisaría, por ejemplo.


Paolo y vos, como papás de Lucas, fueron siempre muy escuchados por los familiares.

Sí, es un grupo muy compacto, todo lo decidimos por consenso. Cuando Paolo o yo salimos a hablar, sabemos que hablamos en nombre de todos. Ellos se saben representados pero también respetados. Jamás di una opinión mía personal en nombre de los familiares, aclaro muy bien cuando lo hago y eso me da la confianza de tener el respaldo de los familiares.


¿Cuántos son hoy en el grupo de familiares?

Somos muchos, pero familias de víctimas fatales, entre 15 y 20. A la semana de la tragedia, en el primer encuentro para conocernos todos, Paolo recibió un llamado de Oscar Parrili diciendo que la señora Presidente nos quería recibir a Paolo y a mí. Yo estaba decidida a no ir ni ahora ni nunca. Quienes iban a darme contención y apoyo eran mis seres queridos, sentí que ella no me iba a poder dar nada de eso. Y que todo lo que podía decirme no tenía porqué decirlo a puertas cerradas sino a los 40 millones de argentinos. No llamaban a otros familiares, sino a nosotros dos.


¿Por qué suponés que llevás la voz cantante?

No sé, van surgiendo los roles, a veces siento que si yo me caigo se caen muchos. Desde el principio me llamaban familiares que estaban mal y yo también estaba mal, pero se me veía un poco más fuerte.


Puede ser que seas más fuerte que otros.

Yo creo que todos somos fuertes, pero por algo ellos decidieron esto. Con Paolo nos complementamos mucho. Yo los reto, me enojo.


¿Por qué te enojás?

Porque hay que organizar y ellos a veces se quedan en discusiones chiquitas.


¿Estás trabajando?

Estoy trabajando en el Gobierno de la Provincia, en la Dirección Técnica y Social de la Unidad de la Gobernadora, que es la que da una primera respuesta a todas las cartas y mails que le llegan. Es un trabajo cero político.


¿Hay comprensión especial hoy del gobierno hacia las víctimas? Carolina Píparo se acercó y es candidata.

La alenté mucho a Caro cuando salió esta oportunidad. No tiene que ver con el partido político, es porque sé de la fuerza y el compromiso de Carolina. La única manera de depurar la política es con gente que venga de otro lado.


Vos pertenecés al grupo de familiares de las víctimas de Once y también a otro grupo que lucha por las víctimas. Personas con liderazgo y muy conocidas.

Carolina Píparo, Mati Bagnato, Nilda Gómez… Son diferentes las situaciones que nos convirtieron en familiares de víctimas, pero el derrotero ante la justicia es el mismo, el dolor y abandono del Estado para todos es el mismo.


¿Atraviesan las mismas cosas?

Sí, hay mucho que nos une y lo principal es querer que tanto dolor sirva para algo. Peleamos por la ley de víctima cuando a nosotros ya no nos toca. El abogado que no tuvimos, ya no lo van a poner; lo que nos faltó en ese momento, no lo vamos a tener, pero queremos que nuestro dolor sirva para algo transcendente, que de ahora en más quienes estén en nuestro lugar tengan las herramientas que no tuvimos. Hacia las víctimas hay una mirada muy prejuiciosa.


¿Cuál es el prejuicio con las víctimas?

Hay quienes creen que las víctimas se arreglan con plata o por algún interés, a mí me dicen que trabajo para Magnetto, que me paga Macri. Como si la víctima lucrara con lo que le pasó. Lo otro que creen es que por ser familiar de una víctima pasás a ser Teresa de Calcuta, y no. Si uno tenía miserias antes las sigue teniendo. Mirá a Hebe de Bonafini, si no eras una buena persona no te vas a volver buena por enterrar un hijo. La tragedia es una especie de catalizador y saca a relucir los valores propios. La tragedia no te convierte en otro ni te acerca valores que no tenías.


¿Cómo se hace para entender la dimensión real de la cercanía con la muerte?

Nos pasaba con la Ley de Víctimas, la gente no se quiere ver en eso, entonces no le importa.


¿Cómo transmitir que lo importante es la vida?

Es muy difícil. Cuando uno invita al otro a ponerse en este lugar, no es un lugar cómodo. Si para aprender vamos a tener que ir enterrando hijos, ¿para qué vamos a hacerlo?


¿Estás en pareja María Luján?

Desde la tragedia, no.


Pusiste cara de “me gustaría”.

Sí, pero no me saca el sueño. Quiero compartir sin hacerme problemas. Después de la tragedia mis amigos dicen que me cerré. Estoyen casa y digo “estaría bueno tener a alguien” y después pienso que me mato si tengo que dejar el mate, la compu y Netflix para hacerle la comida (risas). Me preocupa no sentir la necesidad, es que nadie me parece interesante.


¿Cómo es tu relación con tu nieta Paz, la hija de Lucas?

Una grosa, divina. Es más lindo que ser mamá. Lucas traía a Pachu de bebé a casa y se quedaba a dormir. Pachu es muy cariñosa, muy inteligente, yo aprendo mucho. Desde hace cinco años paso mi cumpleaños sabiendo que me falta Lucas, pero el cumpleaños que más me pesa es el de Paz. A mí me duele particularmente que Paz no lo tenga a Lucas.


¿Cómo se hace para que la Tragedia de Once no termine siendo un tema político?

La realidad es que De Vido era el Ministro de Transporte del momento. Por lo tanto, es el responsable político de la tragedia y considero que tiene la inhabilidad moral de la que hablaron los diputados cuando se pidió su expulsión del Congreso.


¿De Vido sabía cómo funcionaba el ferrocarril Sarmiento?

Sí, hay una inacción deliberada. Hay pruebas de eso que surgen en el primer juicio, donde Schiavi y Jaime dijeron “esto era orden de De Vido, esto lo hacíamos así porque él lo decía”. El accionar de la unidad de renegociación de contratos fue una creación de De Vido para hacer parecer que estaba haciendo algo y mantener el status quo que les permitía desviar dinero de subsidios a empresas que no se controlaban. Desde 2008 estaban en condiciones de rescindirles el contrato sin perjuicio para el Estado por la cantidad de multas que tenían por incumplimiento. Los contratos no se caían y se mantenía el círculo de plata. Yo estoy convencida que De Vido va a ser condenado por la tragedia de Once.


Hay un dato interesante en la discusión del Congreso: ninguna de las personas que votaron por la no expulsión lo defendió.

Ni siquiera él mismo. Trata de ponerse en víctima como han hecho históricamente los kirchneristas. En un momento el diputado De Vido dice “nunca delegué las funciones de controlar”, confesando por lo tanto la inacción.Tiene muchas causas, estamos hablando de millones y millones de pesos. Se traducen en la mala calidad de vida de los argentinos, la muerte de tantos. La corrupción te mata. En la causa de la Tragedia de Once son 52 vidas. Él sabe que este juicio tiene un peso en la mirada social diferente al resto.Va a ser condenado antes de fin de año, él también lo sabe por eso esta tan desesperado.Nadie puede decir que el ex ministro es intachable, es honorable, ni siquiera bueno. Se perdió una gran oportunidad en el Congreso. A mí no me gusta cuando el ciudadano común cree que todos los políticos son una porquería. La política es una herramienta para mejorar la calidad de vida y si tenemos políticos malos hay que correrlos, hay una responsabilidad de parte del ciudadano. Algún día voy a ser diputada.


¿Te animarías?

Sí, cuando termine con las causas por la tragedia de Once empezaré a participar. Y si llego al Congreso, hay mucho por cambiar, por ejemplo, que una condena en primera instancia lleve al delincuente a la cárcel y que si apela sea desde la cárcel. Hay que participar y comprometerse. Así se cambian las cosas.

1 septiembre, 2017

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Entrevista a José María Campagnoli

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“Me festejan el Día del Padre y de la Madre”

El universo de José María Campagnoli. Dirige una fiscalía a puertas abiertas. Sobre la ex Presidenta Cristina Kirchner, advierte cierta hipocresía entre lo que hace y dice. Viudo y padre de 5, confiesa que dedica todo el tiempo que puede a sus hijos.

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9 junio, 2017

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María Laura Santillán
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